IA en Marcha: cuando llevamos la IA a quienes nunca pensaron en utilizarla.
Una serie sobre pequeños negocios con grandes historias. Protagonizada por Pau Garcia-Milà y desarrollado junto a Microsoft.
Los errores de IA para funcionarios y en la administración pública suelen tener el mismo origen: aceptar la respuesta de una herramienta de IA sin verificar la fuente ni contrastar los datos. La inteligencia artificial no falla porque sea peligrosa, falla cuando se usa sin criterio dentro de un procedimiento administrativo. Este artículo te enseña a reconocer esos errores y a aplicar un protocolo de supervisión antes de usar cualquier salida en tu trabajo.
La inteligencia artificial (IA) aplicada a la función pública es el uso de sistemas que analizan datos, generan texto o proponen decisiones para apoyar el trabajo del empleado público. No sustituye tu criterio, lo asiste. Y ahí empieza el problema: mucha gente confunde asistencia con delegación.
El uso de la inteligencia artificial en la administración crece a través de casos de uso concretos: redacción asistida, resúmenes de expedientes, clasificación de solicitudes. Cada una de estas aplicaciones de IA tiene su propio nivel de riesgo, y confundirlos es donde empiezan los errores. Si quieres ver ejemplos prácticos, esta guía sobre Casos de uso de IA para funcionarios y administración pública los desarrolla con detalle.
Estos errores no afectan solo a quien redacta un informe. Afectan a tres perfiles dentro del sector público:
Si trabajas en cualquiera de estos roles, los errores que veremos te competen. La responsabilidad no se diluye porque la propuesta la genere una máquina.
Confundir tipos de IA es el primer error, y uno de los más caros. No todas las herramientas de IA hacen lo mismo ni conllevan el mismo riesgo.
| Tipo de IA | Qué hace | Ejemplo de uso público | Riesgo principal |
|---|---|---|---|
| IA generativa | Crea texto, resúmenes o borradores nuevos | Redactar un borrador de respuesta ciudadana | Alucinaciones, datos inventados |
| IA débil (tarea concreta) | Clasifica, predice o detecta según reglas | Priorizar expedientes por antigüedad | Sesgo en los datos de entrenamiento |
La IA generativa produce contenido original a partir de patrones aprendidos. Un algoritmo de tarea concreta clasifica o predice dentro de un ámbito acotado. Usar un chatbot generativo como si fuera una base de datos oficial es pedirle algo que no puede garantizar: veracidad.

Los errores de la IA en la administración pública se agrupan en cuatro tipos: alucinaciones, errores factuales, sesgo algorítmico y sobreconfianza del usuario. Conocerlos es el paso previo a evitarlos.
La mayoría no vienen del sistema de IA, sino de cómo lo usamos. Un modelo de IA responde con seguridad aparente incluso cuando se equivoca. Esa confianza es engañosa y es la trampa que más afecta al funcionario con poco tiempo.
Estos son los cuatro errores que más se repiten:
Un estudio de la OCDE sobre el uso de la IA en el gobierno (2025) señala que la falta de validación técnica es uno de los principales obstáculos para un uso estratégico y seguro de estos sistemas en la administración. El problema rara vez es la tecnología. Es el proceso que la rodea y su papel en el proceso de toma de decisiones.
Una alucinación en un procedimiento administrativo no es una anécdota. Es un riesgo jurídico.
Imagina que pides a un sistema de IA que resuma la normativa aplicable a una subvención. La herramienta te devuelve un artículo con número, fecha y redacción convincente. El detalle: ese artículo no existe. La IA lo ha construido combinando patrones de sus conjuntos de datos de entrenamiento.
Los errores factuales típicos en el trabajo administrativo son:
Ningún modelo de IA conoce la normativa oficial en tiempo real salvo que esté conectado a fuentes verificadas. La calidad de los datos con los que trabaja el modelo condiciona directamente la fiabilidad de la respuesta. Contrastar siempre contra el boletín oficial no es opcional.
El sesgo algorítmico aparece cuando los datos de entrenamiento reflejan desigualdades históricas y el sistema las reproduce. En el sector público, esto afecta directamente a la equidad.
Un algoritmo que prioriza ayudas basándose en datos históricos sesgados puede penalizar a colectivos que ya estaban infrarrepresentados en esos datos. El resultado se presenta como neutral, pero no lo es. Y la falta de transparencia agrava el problema: si no puedes explicar por qué el sistema propuso algo, no puedes defenderlo ante un ciudadano.
Para proteger la prestación de servicios públicos, aplica tres reglas:

El mayor riesgo de protección de datos en el uso de la inteligencia artificial en el sector público es introducir información personal de ciudadanos en herramientas públicas que no garantizan confidencialidad. Ese dato puede quedar almacenado, reutilizado para entrenar modelos o expuesto en una brecha de seguridad.
El Reglamento General de Protección de Datos obliga a la administración a proteger la información personal en todo su ciclo de vida. Pegar el contenido de un expediente en un chatbot gratuito rompe esa cadena de custodia sin que te des cuenta.
Los riesgos concretos del uso de sistemas de IA sin control son:
La seguridad no es solo técnica. Es también una decisión sobre qué información entra en cada herramienta.
Nunca introduzcas datos personales identificables ni información sensible en una herramienta de IA generativa que no esté validada por tu organización. Esta es la regla más simple y la que más se incumple.
| Categoría de dato | ¿Se puede usar en IA pública? | Alternativa segura |
|---|---|---|
| Datos personales de ciudadanos | No | Anonimizar antes de consultar |
| Expedientes completos | No | Trabajar con extractos sin identificadores |
| Información sensible (salud, ideología) | No | Herramientas internas certificadas |
| Consultas normativas generales | Sí, con verificación | Contrastar contra fuente oficial |
Los sistemas que tratan datos personales de forma automatizada pueden clasificarse como IA de alto riesgo bajo el Reglamento de Inteligencia Artificial europeo. Eso implica obligaciones adicionales de supervisión y transparencia que no puedes ignorar como empleado público.
La supervisión humana es el control que ejerce el empleado público sobre cualquier salida de IA antes de usarla en un procedimiento. No es un trámite. Es la línea que separa un uso responsable de un error evitable.
El principio es sencillo: la IA propone, tú dispones. Ninguna respuesta de un sistema de IA debe entrar en un expediente sin pasar por tu criterio. Integrar este paso en tus flujos de trabajo y en tus procesos administrativos evita la mayoría de los problemas que hemos visto. Si buscas un marco completo, esta guía sobre Cómo usar IA en administración pública desarrolla el proceso paso a paso.
Sigue este protocolo antes de usar cualquier salida:
Antes de dar por válida una respuesta de un sistema de IA para uso administrativo, hazte estas cinco preguntas de validez técnica. Sirven tanto para la automatización de tareas como para propuestas de decisión.
Si alguna respuesta es «no», no uses la salida sin revisión adicional. La supervisión rigurosa es lo que hace que la automatización sea una ventaja y no un riesgo.
El empleado público responde de la decisión aunque la propuesta la genere una IA. Este principio de rendición de cuentas no cambia por usar una herramienta. La firma es tuya y el efecto jurídico también.
Cuando un ciudadano recurre una resolución, no puedes alegar que «lo dijo el sistema». La administración pública actúa a través de personas con competencias definidas, y esas competencias no se delegan en un algoritmo. La IA es un instrumento de apoyo, no un sujeto responsable.
Por eso la gobernanza de la inteligencia artificial importa tanto. Un marco organizativo claro define:
Sin ese marco, cada empleado público improvisa y el riesgo se multiplica. Con él, la responsabilidad queda clara y la IA se usa dentro de límites definidos. La gobernanza no frena la adopción de la IA: la hace defendible.
Integra la IA empezando por tareas concretas, con supervisión humana y dentro de un marco de gobernanza. No intentes automatizar todo de golpe. Elige una tarea repetitiva y de bajo riesgo, y construye desde ahí.
La automatización bien aplicada libera tiempo para lo que exige criterio. Un empleado público puede usar la IA para preparar borradores, resumir documentación extensa o clasificar entradas, y dedicar ese tiempo recuperado a las decisiones que solo una persona puede tomar.
Estas son buenas candidatas para empezar con la aplicación de la IA en la gestión pública:
La base de todo esto es doble: gobernanza interna y formación. Una implementación de la IA sin criterio genera los errores que hemos visto, y la buena noticia es que la administración no parte de cero: la política pública y el marco europeo ya orientan qué se puede hacer y cómo. Un curso de IA para funcionarios aporta la formación práctica y la política de uso responsable que hacen que la IA mejore los flujos de trabajo sin exponer a la administración. Formarse en liderazgo de IA responsable ayuda además a los mandos a definir ese marco antes de escalar el uso.
¿Cuáles son los riesgos de la IA en la administración pública?
Los principales riesgos son las alucinaciones (datos o normativa inventados), el sesgo algorítmico que afecta a la equidad, la filtración de datos personales y la falta de supervisión humana. También existe el riesgo de sobreconfianza, cuando el empleado público asume una salida como válida sin contrastarla. Todos se reducen con un protocolo de verificación y un marco de gobernanza claro.
¿Qué errores puede cometer la IA?
La IA puede inventar información (alucinaciones), citar normativa o jurisprudencia inexistente, mezclar datos correctos con datos desactualizados y reproducir sesgos presentes en sus conjuntos de datos de entrenamiento. Los sistemas de inteligencia artificial generativa presentan estos errores con aparente seguridad, lo que hace más peligroso confiar sin verificar. Por eso cada salida necesita contraste contra la fuente oficial.
¿Cuáles son las desventajas de la IA en la administración?
Las desventajas incluyen el riesgo de errores factuales en procesos administrativos, posibles vulneraciones del Reglamento General de Protección de Datos, falta de transparencia en decisiones automatizadas y la necesidad de supervisión humana constante. También requiere formación específica y una gobernanza definida. Bien gestionadas, estas desventajas se convierten en requisitos de un uso responsable, no en motivos para renunciar a la IA.
¿Cuál es el impacto de la IA en la administración pública?
El impacto de la inteligencia artificial en el sector público es doble: puede mejorar la prestación de servicios automatizando tareas repetitivas y liberando tiempo para decisiones que exigen criterio, pero también introduce riesgos si se usa sin supervisión. El resultado depende del marco de gobernanza, la formación del empleado público y los protocolos de verificación que la administración aplique.
¿Cómo saber si un sistema de IA es lo suficientemente preciso para uso administrativo?
Evalúa cinco cuestiones técnicas: si el objetivo está bien formulado, si el sistema está libre de errores evidentes, si los datos son representativos, si gestiona anomalías sin inventar y si la precisión es suficiente para el uso concreto. Un margen de error aceptable en un borrador interno no lo es en una resolución con efectos jurídicos. La supervisión humana valida siempre el resultado.
¿Puede la IA reemplazar las decisiones de la administración pública?
No. La IA puede proponer y asistir, pero no reemplaza la decisión de la administración pública. El empleado público mantiene la responsabilidad jurídica y la rendición de cuentas sobre cualquier resolución, aunque la propuesta la genere un sistema de IA. Las competencias públicas no se delegan en un algoritmo, y toda decisión con impacto sobre derechos exige intervención y firma humanas.
¿Qué datos personales no se deben introducir en herramientas de IA generativa?
Nunca introduzcas datos personales identificables de ciudadanos, expedientes completos ni información sensible (salud, ideología, situación económica) en herramientas de IA generativa no validadas. Estos datos pueden almacenarse, reutilizarse o exponerse, vulnerando el Reglamento General de Protección de Datos. Para consultas necesarias, anonimiza la información o usa herramientas internas certificadas por tu organización.
¿Necesita un funcionario formación específica en materia de IA para usarla de forma segura?
Sí. Un funcionario necesita fundamentos de alfabetización en materia de IA para entender qué puede y qué no puede hacer cada herramienta, y para aplicar protocolos de verificación. La formación también cubre la productividad con Copilot para el trabajo diario y el uso responsable de datos. Sin esa base, el riesgo de errores y de incumplimiento del RGPD crece de forma significativa.
Los errores que hemos visto no vienen de la IA. Vienen de usarla sin criterio, sin verificar y sin un marco claro. La buena noticia es que todos son evitables. Con un protocolo de supervisión y formación práctica, las tecnologías de inteligencia artificial pasan de ser un riesgo a ser una ventaja para el empleado público.
Si has llegado hasta aquí, el siguiente paso lógico es formarte para aplicar todo esto en tu trabajo real. El Máster en IA e Innovación de Founderz está pensado para eso: uso responsable, aplicación práctica y criterio para decidir cuándo confiar en la IA y cuándo no. La pregunta no es si la IA va a entrar en la administración pública. Es si quieres entenderla antes de que lo haga sin ti.

Anna Cejudo
Cofundadora y co-CEO en Founderz
¿Cómo transformar una idea en una iniciativa que cambie el mundo? Como emprendedora, Anna Cejudo lleva más de una década esforzándose para responder a esta pregunta. Ahora, como co-CEO y cofundadora de Founderz, continúa trabajando para transformar la educación e impactar de forma positiva en el futuro de las personas.